Nosotros compartimos ¿Y tú?

La crisis sistémica (que no es solo financiera) que protagoniza nuestras vidas está dejando millones de víctimas. Parados. Pobreza. Desahucios. Se cuentan por miles. Millones. Deja también una sensación de tristeza y angustia que se extiende como una plaga. Que atenaza el día a día de la mayoría por lo que pueda pasar. El miedo pulula en los rincones. Pero la crisis, además, ha sacado a la luz otras formas. Porque cuando la crisis es del sistema se manifiestan otras propuestas que sugieren cambios. Posibilidades.

Como alguien nos dijo una vez, cuando la tristeza se impone desde todos los órdenes, la alegría es una forma de desobediencia. De revolución. Y esa alegría desobediente  – que se niega a resignarse, a esperar a ver qué pasa, a ver cómo salimos de ésta, a ver si recuperamos aquello que tuvimos – explota la creatividad que se multiplica en el contacto con otros porque esta crisis sanguinaria también nos ha devuelto la empatía, aunque parezca mentira.

Colaborar, no crecer

Entre todas esas nuevas fórmulas que eluden la queja para ofrecer alternativas, que demuestran otras vidas posibles que rechazan el individualismo egoísta que solo busca un crecimiento desorbitado, destaca con fuerza lo que podemos denominar la economía colaborativa que se expresa en numerosas acciones.

Resumiendo mucho, la economía colaborativa radica en lo que su mismo nombre indica: colaborar con el otro. Compartir. Así de simple. Y de complejo también. O quizá no tanto. Porque al compartir también se simplifican los procesos y, por suerte, se acumulan los ejemplos.

Hace unos meses, en este mismo blog, hablamos de las shareable cities (“ciudades compartibles”) tras una conferencia a la que acudimos en Madrid. Estas propuestas crecen pero lo hacen no solo por una cuestión de necesidades económicas sino, sobre todo, por necesidad emocional. Porque nos habíamos olvidado de encontrarnos con el otro, porque habíamos dejado de conocer a nuestros vecinos y necesitábamos encontrarnos. Sentir con los otros, participar en acciones, actividades, vivir nuestros barrios, multiplicarnos en la suma con los demás, mejorando nuestras propias capacidades en el proceso colectivo del intercambio.

De las pantallas a las calles

Sí, compartimos. Cada vez más. Son miles las iniciativas que se desarrollan de manera magistral y con mucho éxito para canalizar esa necesidad de los ciudadanos globales que precisamos que las redes se salgan de las pantallas para multiplicarse y humanizarse en la vida real.

En Barcelona, el miércoles 12 de marzo, tendrá lugar un encuentro para construir entre todos los participantes (entre los que estaremos nosotros) cómo somos los #compartidores. Este Playshop  está organizado por los chicos de ConsumoColaborativo y quiere aportar otro granito de arena en el conocimiento y la difusión de cómo somos las personas que ya estamos formando parte de la economía colaborativa. Porque más allá de que este modelo crece, todavía debe difundirse, porque ni los medios tradicionales ni las voces oficiales lo mencionan de manera destacada (sí se hace de forma residual). Cuanto más se conozca, más crecerá porque está demostrado que las personas que comparten (a través de estas fórmulas crecientes) están mucho más satisfechas y repiten sin dudarlo.

Como nosotros vamos a participar en la construcción colectiva de ese perfil de #compartidores hemos querido reflexionar previamente cómo lo hacemos y lo hacemos en voz alta para compartir nuestra experiencia.

Con Airbnb hemos vivido experiencias estupendas en nuestros viajes. Llegar a la casa de otro es una opción de alojamiento y no solo porque es más económica sino porque la manera de estar en ese lugar cambia totalmente. Es un intercambio permanente. Absolutamente recomendable y enriquecedor. Y divertido.

Compartir viaje con Blablacar no solo minimiza los gastos de transporte, también reduce nuestra huella ecológica y es una oportunidad ejemplar para conocer gente fantástica. Las conversaciones durante un viaje dan para mucho. Si aún no te has animado, no lo dudes. Repetirás.

Housesitting. Otro gran ejemplo de compartir. Cuidar la casa y las mascotas de otros (generalmente desconocidos). La idea es tan simple como alojarte en la vivienda de quien debe ausentarse de ella y utilizarla como si fuera tuya a cambio de mantenerla en perfecto estado, además de cuidar las mascotas (si las hay).

Estos son los tres ejemplos (institucionalizados) que hemos utilizado varias veces, además de otros muchos que no tienen nombre oficial y sin embargo suman a esta filosofía que nos enseñan a vivir mejor, a conocernos, a relacionarnos, a empatizar, a tener y consumir menos, a ser mejores.

Sí, nosotros compartimos. Somos #compartidores convencidos. Queremos serlo más. Seguir aprendiendo. Seguir sumando. Que nos sumen. Porque la vida es mucho más fácil, y mucho más rica, cuando se recorre en compañía.

Nota: las fotos que ilustran este post también son ejemplo de las nuevas posibilides de compartir. Gettyimages permite, desde hace unos días, compartir imágenes para posts y otros contenidos web mientras no tengan pretensiones comerciales.

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