Vivir mejor con menos energía

Ya hemos dicho por aquí que la eficiencia energética empieza por uno mismo. Como casi todo. Lo que no aplicamos nosotros no podemos esperar que suceda, como por arte de magia, ahí fuera. O aquello tan común de: qué lo hagan los otros primero. Pues eso, que no. La eficiencia energética hay que llevarla aprendida de casa. Y tranquilos todos que esto no es un listado de consejos para mortificarnos con sacrificios a oscuras. Son propuestas para aprender y  para engancharnos a la eficiencia logrando un confort sostenible para nuestras vidas y el Planeta.

menos energía

Todo enchufado. Luces encendidas. Porqué sí. Porque yo lo valgo. Y porque puedo pagarlo, coño, que para eso trabajo todo lo que trabajo. Así. El discurso del bienestar. La calidad de vida que dicen algunos.

Bueno, pues esa confusión instalada que equipara bienestar con derroche nos está acercando al abismo y las consecuencias se notan. En el ambiente y en los bolsillos. Los recursos naturales del planeta se agotan y no, no tenemos repuestos, así que además de pocos cada vez serán más caros.

Un poco de mesura

Nos quejamos del recibo de la luz o del gas (con sobrados motivos) pero apenas nos fijamos en cuánto consumimos. Y deberíamos. Para privarnos un poco. No se trata de hacer dieta energética, se trata de aprender a consumir la correcta porque la mayoría de las viviendas despilfarran energía. A manos llenas y a enchufes ocupados. Y, en muchos casos, sin conocimiento de causa o por desidia. Total, qué importa.

Para corregir el derroche, ofrecemos una serie de pistas sobre cómo hacer un uso racional de los aparatos. Lo notará el Planeta y repercutirá en nuestros bolsillos.

Calefacción y refrigeración

Un ejemplo claro de desmesura energética lo encontramos en el consumo de calefacción y refrigeración. Es demencial.

De la misma manera que en último tiempo se ha puesto de moda que los medios de comunicación dediquen tiempo y recursos a informarnos de que en invierno hace frío y en verano hace calor, con reporteros audaces que se abrigan o se desvisten según coincida, en las casas, en los edificios oficiales, en los centros comerciales o en los cines, en verano necesitamos ponernos una manta y en invierno usamos manga corta. Escandaloso. Quizá por eso, lo normal ha pasado a ser noticioso, porque con tantos excesos nos hemos olvidado de cómo son las estaciones.

Una cosa es calentar nuestras casas para hacerlas más habitables y otra es convertirlas en residencias veraniegas. De la misma forma, tampoco es necesario (ni saludable, no lo olvidemos) que en el verano nuestras viviendas se asemejen a Siberia.

Con respecto a la calefacción, la temperatura idónea de una casa en invierno es entre 19 y 21 grados. Cada grado que subimos a partir de ahí, el consumo se eleva un 10%. Por la noche lo lógico es apagar la calefacción. Con el calor acumulado a lo largo del día, mantendrá una temperatura razonable. Y dormir con una manta o edredón y un pijama de franela es bastante placentero. Un jersey de lana para andar por casa es una opción estupenda también.

menos calefacción

Otros consejos para calefaccionar el hogar:

Si sales de casa unas ocho horas al día es muy recomendable (y sencillo) instalar un termostato programable al que le puedes indicar qué temperatura quieres que mantenga tu casa, así no se malgastará el calor.

Evidentemente es importantísimo tener bien aislada la casa. Ese es el verdadero quid de la cuestión. Unas buenas ventanas, doble cristal, burletes o similares harán que no se nos escape el calor y que no estemos malgastando la energía. Si no, estaremos tirando energía y dinero. Así que un buen aislamiento es la mejor inversión.

Refrigeración

Con respecto a los aparatos de aire acondicionado, no se trata de no utilizarlos sino de  hacerlo con mesura y,  sobre todo, con sentido común. En este caso, podemos vivir con 25 grados en verano, es más, nuestro organismo está preparado para adaptarse a cambios térmicos y le hace bien. Además, toda la vida ha hecho calor cuando toca y hay maneras mucho más racionales de combatirlo. Por ejemplo, lo lógico es bajar las persianas o cortinas hasta que caiga el sol y evitar que se calienten más nuestras viviendas. Por otro lado, las plantas en balcones y ventanas, además de ponerle color a la fachada también son perfectas para refrescar la casa. Mantener aparatos y luces apagadas también ayudará a bajar la temperatura interior. Parece obvio pero no está de más recordar que vestirse con tejidos apropiados y adaptar la alimentación, además de beber agua, ayuda a nuestro cuerpo a adaptarse a las elevadas temperaturas estivales. Nuestro cuerpo está preparado para eso y tiene recursos de adaptación, lo que ya no le viene tan bien son esos choques que suponen los cambios bruscos de temperatura gracias a los aparatos de refrigeración que son tremendamente perjudiciales para nuestro sistema respiratorio.

menos aire acondicionado

Otras cuestiones a tener en cuenta

Las bombillas de bajo consumo ayudan realmente a un consumo más razonable. Ah, y hay que limpiarlas para que cumplan su cometido de manera más eficiente. Sobra decir que cuando no son necesarias, no se encienden.

Es sorprendente como en muchos hogares los enchufes tienen sobreexplotación. Todo está enchufado. Mal. Lo que no se usa es mejor desenchufarlo. Y, por supuesto, olvídate del modo standby. Cuando esa luz roja está encendida se consume una barbaridad, incluso puede que más que cuando el aparato en cuestión está encendido. De hecho, el gasto que provoca el standby puede suponer entre un 5% y un 10% de toda la electricidad que consumimos y que no sólo se traduce en elevadas facturas sino también en altas emisiones de CO2. Otro detalle, si eres de los que tienes el cargador del teléfono móvil siempre enchufado porque te resulta más cómodo, que sepas que ese consumo no es menor, de hecho, puede implicar un 20% de la demanda que genera. Así que consume energía y cuesta dinero. Cuando no lo estés usando, quítalo de la corriente. No es tan agotador enchufarlo cuando corresponde. Y, a ser posible, procura no dejar el teléfono cargando toda la noche. Es recomendable utilizar regletas con interruptor que nos permite apagarlos de una manera sencilla y, como hemos dicho, no apagues los aparatos con el mando a distancia, sino con el interruptor.

desenchufa

Electrodomésticos eficientes

Con respecto a los electrodomésticos, vayamos por partes. Si tenemos que comprar uno nuevo (frigorífico, lavadora o lavavajillas, por ejemplo) debemos mirar lo que dice su etiqueta energética; se trata de la pegatina que nos informa (de forma obligatoria) sobre la cantidad de energía que consume ese aparato. Existen varios niveles de eficiencia, que se corresponde con las letras del abecedario. Así, la etiqueta A es la más eficiente frente a la G que sería lo contrario. Más allá de esta letra definitoria, en esa etiqueta aparecen unas barras en colores (de verde a rojo) que ayudan a saber cómo consume, siendo el verde el color más eficiente frente al rojo que indica que consume más. En el caso de lavadoras o lavavajillas, la etiqueta energética nos indica la cantidad de agua que utilizan los aparatos. Con la información que nos proporciona la etiqueta, conocemos su eficiencia y el gasto económico que nos va a suponer, porque un electrodoméstico no cuesta sólo el precio que pagamos por él cuando lo compramos sino el gasto de su uso cotidiano (energética y económicamente). Así que si hay que renovar, deberían tenerse en cuenta estos parámetros, si no, hay algunos comportamientos que tenemos que poner en práctica para aprender a usar eficientemente nuestros electrodomésticos.

Lavadora

Lo conveniente, sobre todo, es llenarla. El consumo es el mismo cuando esta semillena así que lo correcto es ponerla en funcionamiento cuando está completa. Existen muchos programas disponibles y mucha gente utiliza los lavados muy largos y a altas temperaturas. No es necesario lavar a 90 grados, ni siquiera a 60. Para que el agua alcance semejante temperatura, se consume el 90% de la electricidad, mientras que sólo el 10% se destina al funcionamiento del tambor. Con agua fría el lavado también es eficiente. Como mucho, lo razonable es lavar a 30 grados, con el agua tibia.

lavadora llena

Frigorífico

Acercarse al frigorífico no es ir de escaparates ni darse un paseo a ver qué hay. Hay que abrirlo cuando sabemos qué necesitamos, entonces vamos directamente a cogerlo. Eso de abrir la puerta y empezar a mirar es un derroche supremo. Si tenemos el frigorífico ordenado, será mucho más fácil encontrar lo que buscamos más rápidamente. Cuanto más tiempo tenemos abierta la puerta, el frío se va, con lo que después consumirá mucho más para poder recuperar la temperatura óptima. Por eso mismo, cuando guardemos algún alimento, es recomendable que lo hagamos cuando esté frío. Si lo guardamos caliente, la nevera tendrá que hacer un sobreesfuerzo para enfriarlo convenientemente.

Para descongelar los alimentos, conviene pasarlos, la noche anterior, del congelador al frigorífico. Esa es la fórmula correcta. Así, además, nos ahorraremos el uso del microondas.

Electricidad

La electricidad es un lujo. En los últimos tiempos el precio de la luz se ha disparado, multiplicando, además, la cantidad de individuos que viven en situación de pobreza energética. Cocinar y calentarse está siendo para muchos una aspiración lujosa.

Para poder afrontar estas subidas y esos precios hay algunas alternativas que conviene conocer. En primer lugar debemos saber qué potencia tenemos contratada y si es imprescindible esa cantidad. Un primer paso es bajarse la potencia. Después debemos hacer un uso consciente de los aparatos que requieren electricidad, no usándolos simultáneamente. Y, por supuesto, uno puede cambiarse de compañía, salirse de las grandes y contratar los servicios con las cooperativas de energía limpia.

Todos estos consejos y propuestas no van a mermar la confortabilidad de nuestras viviendas ni a exigirnos sacrificios, al contrario, seguiremos viviendo de manera confortable, asumiendo un consumo eficiente y sostenible y además, con un ahorro económico sustancial. De ti depende, pero se puede vivir mejor con un consumo menor de energía.

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