Vivir mejor con menos coches

En la aspiración generalizada de progreso desmedido, uno de los elementos que significaría estar en el camino correcto es tener un coche. O dos. Si no es así, todavía son muchos los que preguntan, casi escandalizados, pero ¿no tienes coche?

Evidentemente que el coche es una herramienta muy útil, incluso en algunos casos imprescindible. En otros, se ha vuelto una dependencia que, como suele pasar, es innecesaria, además de contaminante y carísima. Son muchos los que no saben desplazarse a ningún sitio sin subirse a su vehículo privado.

Levantarse por la mañana. Subirse al coche. Atascos. Humos. Mal humor. Dinero. Esperas. Tiempo desperdiciado. Así son los días para muchos.

menos coches

Las grandes ciudades se llenan cada día de hileras de coches, generalmente con un solo conductor, emitiendo CO2 y almacenándolo en la atmósfera. El uso del coche, como ya lo anunciaba el protocolo de Kioto, es uno de los principales culpables del crecimiento de las emisiones de CO2, causantes del cambio climático.

La movilidad urbana sostenible es una necesidad. Y la Unión Europea lleva tiempo dedicando documentos, normativas y recursos para alcanzarla. Queda mucho por hacer. De hecho, la propia Comisión Europea, el pasado 2013 emitía una comunicación dirigida a otras instituciones de la UE sobre la necesidad de trabajar juntos por una movilidad competitiva y eficiente en el uso de los recursos.

En ese documento nos encontramos con una descripción de la realidad y con la evidencia de que pese a que ha habido numerosos avances, hace falta hacer mucho más y las circunstancias obligan a actuar con urgencia en la materia.

Los humos de la UE

Vayamos por partes. El 70% de la población de la Unión Europea habita en las ciudades. Esto ¿qué supone? Para empezar, la movilidad de las ciudades resulta cada vez más difícil y, sobre todo, ineficiente. ¿Por qué? Entre otras, cosas porque sigue dependiendo, mayoritariamente, del uso del vehículo privado convencional. Esto significa que los avances que se han implementado para lograr una movilidad sostenible caminan muy lentos. Los problemas generados por una movilidad ineficiente son ecológicos: las zonas urbanas son responsables del 23% de la totalidad de emisiones de CO2 procedentes del transporte. Esto implica que las ciudades deben lograr el 60 % de  la  reducción  de  las  emisiones  de  gases de efecto invernadero como, aparece estipulado en el Libro Blanco de la Comisión «Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte: por una política de transportes competitiva y sostenible». Pero hay más, porque los problemas son también económicos: el coste generado por los problemas derivados de la congestión del tráfico se estima en 80.000 millones de euros al año.

imagen de URBACT

imagen de URBACT

Las ciudades, en general, están más capacitadas para evolucionar hacia un sistema de transporte hipocarbónico, gracias al desarrollo de otras formas de movilidad, como el favorecimiento de los desplazamientos a pie, en bicicleta o en transporte público así como la introducción en el mercado de vehículos propulsados por combustibles alternativos. En esa misma línea, la legislación de la Unión Europea en materia de la calidad del aire y, cada vez más, las normas referidas a las emisiones de los vehículos de carretera tienen como razón de ser proteger a los ciudadanos de una exposición dañina a las partículas y a los contaminantes atmosféricos. La legislación está ahí pero la realidad es que la mayoría de las ciudades de los estados miembros de la UE siguen incumpliendo estas normas.

¿Y qué pensamos los ciudadanos? ¿Nos importa? Pues según una encuesta del Eurobarómetro, una gran mayoría de los ciudadanos de la UE considera que la congestión, el coste y los impactos negativos que los modelos de transporte tienen en el medio ambiente y en la salud humana son problemas importantes. Significativo es también que la mayor parte de los encuestados son pesimistas en cuanto a que el tráfico en las ciudades pueda mejorar. Pero no podemos olvidar que las diferencias son considerables entre los distintos países de la UE. De hecho se ha detectado una “brecha en la movilidad urbana” cada vez mayor entre unas pocas ciudades avanzadas en la materia y la mayoría que van a la zaga.

Se han puesto y se ponen en marcha planes y proyectos orientados a mejorar la movilidad urbana en la UE. Por ejemplo, existe la Estrategia Europa 2020 para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador que  puso de relieve  la  importancia  de  contar  en  Europa  con  un  sistema  de  transporte  modernizado  y sostenible para el desarrollo futuro de la Unión e hizo hincapié en la necesidad de abordar la dimensión urbana del transporte.  También en el año 2009 el  Plan  de Acción  de  Movilidad  Urbana  de  la  Comisión  recibió  un  amplio  respaldo  del Parlamento Europeo, el Comité Económico y Social Europeo, el Comité de las Regiones y los Estados miembros. Y en el año 2012 se  habían  puesto  en  marcha  las  veinte  iniciativas  del  Plan  de  Acción,  tal  y como estaba previsto. Pero está claro que no se está avanzando y que los estados miembros deben implicarse en la actuación en materia de movilidad urbana.

Es cosa de todos

Las ciudades pueden asumir cambios. Por ejemplo, los vehículos municipales, como los de correos, policía o camiones de la basura pueden ser pioneros en la introducción de modelos más eficientes con combustibles alternativos que ayuden a reducir la dependencia del petróleo. Y eso, sin duda, estimularía a los ciudadanos. La imitación funciona.

Probablemente por eso del contagio, existen varias plataformas y programas con la intención de compartir información relativa a la movilidad urbana y al transporte.

  • El  sitio  web  ELTIS: Se trata de una ventanilla  única  para  el  intercambio  de  conocimientos  y  de  experiencias,  o  para  el  debate sobre cuestiones relativas a la movilidad urbana y al transporte
  • URBACT  es  un  programa  europeo  de  intercambio  y  aprendizaje,  financiado  por  el Programa Europeo de Cooperación Territorial, que promueve el desarrollo urbano sostenible. Permite que las ciudades colaboren para desarrollar soluciones pragmáticas que sean nuevas y sostenibles,  y  que  integren  las  dimensiones  económica,  social  y  medioambiental.
  • El portal de Planes de Movilidad
  • Hace 10 años que funciona  CIVITAS, una red promovida por la  Comisión  se ha convertido en un motor de innovación en materia de movilidad urbana y ha conferido a las ciudades  europeas  un  papel  clave  en  el  proceso  de  innovación.  Se  han  iniciado  unas  700 actividades de demostración en más de 60 ciudades europeas y se han sometido a una rigurosa evaluación del impacto y del proceso. Hoy en día, la red de ciudades CIVITAS está formada por más de 200 ciudades y abarca prácticamente la totalidad de Estados miembros. CIVITAS tiene la atención de apoyar a las asociaciones locales para poner en marcha y ensayar modelos que aborden la congestión del tráfico,  la  reducción  del  uso  de  vehículos  de  propulsión  convencional  en  zonas urbanas,  la  reducción  de  los  impactos  y  los  costes  de  las  mercancías  urbanas  y  el fortalecimiento de las capacidades de la autoridades locales para desarrollar e implementar planes de movilidad urbana sostenible.

Queda  claro que hay normativa, recursos y propuestas que deben asumir las ciudades y las instituciones con respecto a la movilidad sostenible, pero, ojo,  también los ciudadanos tenemos que concienciarnos y empezar a dejar el coche en casa cuando no sea imprescindible.

Nos hemos olvidado del placer y los beneficios de caminar. Nos hemos olvidado, sobre todo, que nuestros pies son también un medio de transporte. Y media hora caminando es uno de los ejercicios más saludables que podemos realizar.

La bici es otro transporte excepcional para moverse en los entornos urbanos. Muchas ciudades en el mundo, además, tienen servicios de préstamo de bicicletas para los que ni quieren ni pueden tener una en propiedad.

muevete en bici

Para los que no quieren ni caminar ni pedalear, existe el transporte público. Es más eficiente, más económico, te evita el mal humor de los atascos, y puedes aprovechar ese tiempo para ir leyendo o estudiando, por ejemplo.

George Monbiot, en su libro Calor menciona cómo en el libro Car Sick, la analista de transportes Lynn Sloman, se basa en estudios realizados en Australia, en tres ciudades inglesas y en una zona rural de Gales para deducir la que ella denomina la “regla 40:40:20”. Qué significa esto: pues que independientemente de la localidad, el 40 por ciento de los viajes en coche podría hacerse en bicicleta, a pie o en transporte público. Otro 40 por ciento se haría por otros medios si se mejoraran en transporte público y las instalaciones para bicicletas, y sólo un 20 por ciento de viajes en coche sería irremplazable. Casi todos los medios para convencer a los automovilistas de emplear otros medios de transporte son sencillos y baratos, sobre todo si los comparamos con los millones gastados en la construcción de carreteras y puentes. Lynn Sloman averiguó (y esto podemos extrapolarlo a muchas ciudades y países, sin duda) que uno de los principales problemas es que la gente no conoce los servicios existentes. Por ejemplo, dice que yendo por las casas y facilitando billetes de promoción gratuitos, las empresas de autobuses de ciertas regiones de Inglaterra han logrado incrementar enormemente su clientela. La publicidad puede contribuir a corregir la falsa concepción de la gente sobre las alternativas: en una encuesta se demostró que la gente sobreestima en un 70 por ciento lo que dura un viaje en transporte público, y subestima en un 26 por ciento el tiempo que se tarda en coche. No cabe duda que los servicios urbanos de autobuses deben mejorar. Y cuando el coche es imprescindible podemos utilizar servicios de carsharing para compartir el coche.

Sin duda, la movilidad sostenible es uno de los retos de nuestro tiempo. Si quieres sumarte, empieza mañana por dejar el coche en casa.

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